domingo con la mesa bien puesta
Los domingos son familiares. Congregan a varias generaciones de uno o varios apellidos relacionados. Son días, por lo general, en los que o bien reafirmamos las tradiciones del linaje o bien las actualizamos con renovadas costumbres. Es un día en el que las familias se reúnen en torno de la mesa a disfrutar de las novedades culinarias o de las recetas más consabidas de los fogones del clan.

En Lima los domingos las familias suelen ir al chifa (restaurante de comida china) o pedirla mediante el servicio de delivery. La ventaja de la comida china (cantonesa o no) es que por su variedad colma todo el espacio de la mesa y produce una colorida inundación de aromas y sabores. La variedad aquí es sinónimo de abundancia. Sin embargo, los occidentales poco podemos entender (si es que no hemos vivido en China) la armonía requerida para sus banquetes multicolores. Nuestra aproximación a su abundancia es todo menos sofisticada.

Nosotros necesitamos reproducir las jerarquías, las mismas que están presentes en nuestros respectivos clanes. Sea cuadrada, redonda o rectangular, la mesa siempre presupone un orden, siempre hay una cabeza, siempre hay un sitio de honor. Podremos el domingo acomodar la mesa para una comida elegante a la que todos acudimos con nuestras mejores prendas para disfrutar platos poco usuales. La mesa estará decorada o con flores o con velas (estas no deberá interponerse entre los rostros de los comensales). Los platillos serán dispuestos al centro de la mesa, al alcance de todos. La mesa se convertirá por un momento en el espacio que congrega la mismo tiempo que reproduce la historia de sus comensales.
O podemos sentarnos a la mesa en el jardín o en el campo. Junto con el vino y las cervezas, los platillos serán abundantes. Niños y adultos juntos todos. Lo mejor de un almuerzo dominical con la familia es que reafirmamos nuestros lazos. Nos volvemos uno en el banquete, pues ingerimos lo mismo. Todos, por un momento, somos el animal que disfruta de la presa. Al aire libre, a veces, recobramos parte de nuestro instinto cazador.
Reflexionemos sobre las prácticas que hemos repetido desde siempre, no para cuestionarlas, sino para repetirlas ad infinitum... cada vez mejor.

