Un buen restaurante no tiene razón para ser costoso en exceso. Ciudades desarrolladas como Nueva York, San Diego, Chicago, Bogotá, Buenos Aires y, desde luego, Lima ofrecen una amplia variedad de establecimientos que van desde los más caros hasta los módicos de comida rápida. Sin embargo, estas ciudades, en las que como Lima hay toda una tribu de conocedores de huariques o sitios para especialistas, tienen también un gran número de restaurantes o cafés que ofrecen productos de gran calidad por un precio justo.
Los amantes de la cocina, que amamos comer fuera de casa y además sabemos cocinar, sin duda somos clientes difíciles para cualquiera. Sin embargo, se suele creer que el exceso tanto en la comida como en la decoración son signos de buen gusto. Nada más falso. Cuando llegamos a un restaurante en el que la mesa nos sorprende con servilletas, diversidad de cubiertos y floreros con tamaños inapropiados, toda esta parafernalia inútil podría terminar por desanimarnos. Es cierto que el protocolo de una buena mesa exige todos estos adminículos, pero nosotros no comemos todos los días bajo los estrictos códigos de la etiqueta (que por cierto no despreciamos en lo absoluto). Despreciamos sí las aberraciones a medio camino entre la etiqueta más refinada y el gusto perverso del restaurantero que trata de recrear la sofisticación desde los vacíos de su saber.
La foto nos muestra una mesa simple, pero impecable. La velita crea el ambiente perfecto para un almuerzo en buena compañía. Los dos tenedores al mismo tiempo invitan a un servicio de dos platos por lo menos y los platos laterales anuncian la cortesía del pan que el mesero traerá en una canasta. Cuando entramos a un bar o restaurante con mesas minimalistas como las que vemos aquí podemos predecir la calidad de su comidad. Si no tratan de recargar nuestros sentidos con mensajes externos de la decoración es porque su fuerza está en el sabor.
Una mesa rústica puede ser también una buena apuesta para la cocina italiana o mediterránea. En lo personal, aprecio cada vez más los locales donde me sirven el vino de la casa en vaso y no en copas belgas o alemanas con cristales inteligentes que mejoran la experiencia de un vino de más de US$20.00. Por supuesto que nos encantan los vinos logrados en copas sofisticadas, pero nos agradan más en ocasiones especiales o los fines de semana. Que lo cotidiano siga siendo esencial como estos spaghetti en salsa bolognesa con un buen vinito Nero d'Avola. Ciao, amici. Ci sentiamo!!!


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