El verano no siempre nos insta a tomar una copa de tinto: este rápidamente nos hace entrar en calor. En cambio, una copa fresca de un vino blanco, clarete o rosado es mucho más recomendable, pero la cerveza, desde luego, es más pertinente. Podemos innovar un poco tan solo sirviéndola en una copa de cristal. Si es de buena calidad, la copa explotará sus mejores condiciones, además de conferirle un estilo más sofisticado a nuestro almuerzo.
Y si la jornada es intensa, podremos tomarla al paso en los muchos bares que abundan en la ciudad con unos bocadillos o tapas que le hagan camita...
La comida de verano debe ser fresca y de fácil ingesta, pues el calor no siempre nos invita a la sobremesa (no siempre hay a la mano una terraza para un almuerzo al fresco). La cerveza helada nos refresca al mismo tiempo que satisface el hambre. Un buen fiambre, algunas papitas con salsa y listo. Que siga el verano.


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