El verano puede ser agobiante. Las habitaciones caldeadas por el sol del día nos fatigan en el atardecer. Los paseos, si uno no se protege, pueden resultar igualmente molestos. Y, a la hora de comer, pocos somos los que al margen de nuestra pasión por la comidad persistimos en comer guisos calientes, pasteles, embutidos o menestras. Claro, tampoco caemos en la tiranía posmoderna de las ensaladas, pero podemos hacer de ellas un acompañamiento ideal para los días de más calor...

ensaladas

Las ensaladas son la mejor opción para los más calurosos. Además, dependiendo de las verduras u hortallizas empleadas, estas pueden ser una excelente fuente de agua, el elemento que más consumimos con el calor. Estas, por lo demás, no deben ser tan aburridas: podemos incorporarles elementos con proteínas o carbohidratos para salir de la rutina y, al mismo tiempo para hacerlas más apetitosas.


Una buena opción son las ensaladas tibias. Estas requieren muy poca cocción de las hortalizas. inclusive podrían estar grilladas. En la foto vemos una ensalada con tomates cherry, zucchini, berenjenas, papas y trozos de palta. El aliño es de aceite de oliva y vinagre blanco. Corona todo el espectáculo un huevo frito. Muchos, inclusive, no comerían nada más, pues se trata de un platillo muy nutritivo. Se le podría añadir unas hojas de tomillo fresco al final para darle un poco más de profundidad al sabor.


Otra manera original es hacer de la ensalada una especie de bocadillo, como nos lo servirían en una cantina. Sobre unas tapas de pan multigrano previamente tostadas sobre la plancha, untamos un diente de ajo y chorreamos aceite de oliva extravirgen. Encima colocamos unas tajas de palta y otras de tomate. Aderezamos con aceite de oliva, vinagre tinto, sal y pimienta. Este bocadillo es ideal, pero no necesariamente decisivo. Quizás necesitemos un segundo platillo... Porque dijimos que queriamos comer fresco, mas no morirnos de hambre. De ser ese el caso podemos optar por otras preparaciones igualmente refrescantes que nos permitan continuar con nuestras obligaciones, sobre todo cuando el calor muere la ventana de nuestra oficina.

Segundos platos

Si ya hemos comido una ensalada o algo semejante, nuestro segundo plato debiera complementarlos con proteínas o carbohidratos. Pero no debemos saturarnos. Una buena opción, para seguir con el pan, es un bocadillo de inspiración caprese. Tomate, albahaca o arúgula, unas fetas de queso fresco (o brie) y unos pedacitos de tocino frito en su propio lardo. Nada más. El pan tostado y untado con un poco de aceite de oliva.


Un bocadillo rotundo de jamón podría ser otra opción apetecible...

Trozos gruesos de jamón ahumado pasados por la plancha, unas tajadas de queso semiduro, un huevo planchado con la yema a la inglesa y unos tallitos de cebolla. ¿Qué más?

La pasta fresca podría ser una última opción para nuestra propuesta de comida fresca. Spaguetti al dente aderazado con aceite de oliva, con trocitos de sopresatta, tomate fresco y hojas de albahaca junto con unas rodajitas de porro. Si es que debemos almorzar en la oficina, una buena estrategia es llevar en un recipiente las frutas y hortalizas frescas para incorporarlas a la pasta al final.

postre

Una buena comida estival tiene que culminar con fruta fresca. Trozos de nuestras frutas preferidas con algo de azúcar, canela y unas hojas de menta o albahaca con un chorro de limón.

Es conveniente que escojamos las frutas de la temporada. El limón lo podemos llevar a parte para incorporarlo en el último momento. El azúcar, si la fruta es tierna, debería descartarse. Esperamos que hayan disfrutado estas sugerencias. Nos vemos.