El café es parte esencial de nuestras vidas. Nos da fuerzas para comenzar el día y, en ese momento, nos acompaña con un poco de crema leche (sea o no con espuma). A las 11, a mitad de jornada, un fugaz (pero igualmente poderoso) ristretto nos recompone para afrontar el tramo final antes del almuerzo o comida medianeros. Es igualmente el toque final que toda comida buena requiere. Ya en la tarde es el complemento ideal para cerrar la jornada y llegar a nuestras casas con energía renovada.

Quienes, además, realizan trabajos académicos o con un fuerte componente analítica encontrarán en el café al compañero ideal. Una charla con amigos, colegas y demás no es lo mismo sin su aroma y cuerpo logrados por una máquina italiana (pregúntenles a nuestros amigos del Arábica Espresso Bar...). el café puede ser el preámbulo de una disertación intrincada, de un romance o una amistad o de un proyecto. Un buen café no requiere justificaciones. Se le toma y punto.