Lima dejó de ser en el siglo XIX una ciudad importante respecto de la producción vitivinícola; sin embargo, hoy goza nuevamente de los beneficios propios de una maduración comercial en dicho rubro. Dicho crecimiento económico responde no solo a la importación de vinos de la región (sin dejar de mencionar los españoles, los australianos y los californianos), sino también a una creciente producción nacional. Pero nuestra industria vitivinícola todavía tendrá que madurar unos años más para estar a la altura de los valles, argentinos y chilenos, para mencionar tan solo a nuestros vecinos más próximos. Por lo pronto, gozamos ya de un mercado consolidado en el que es posible acceder a botellas de regiones diversas del "Nuevo Mundo" (término moderno que no ha perdido vigencia e nuestro siglo XXI) y, desde luego, del "Viejo Mundo".

De Europa, sobre todo, es fácil encontrar vinos españoles en las despensas de nuestros supermercados y en la de nuestras bodegas o enotecas. Valles como La Rioja y Ribera del Duero son predominantes, pero ahora es posible conseguir ejemplares de Valdepeñas, Navarra, Penedés, Somontano y otras que lentamente se abren paso en el mercado nacional.Con menor frecuencia podremos conseguir ejemplares de Francia, cuyos vinos de marcada y lograda acidez estimulan poco el paladar local y con menor suerte han logrado maridajes en nuestras mesas. Los vinos australianos, por su parte, se insertan lentamente en nuestro mercado. Su fascinante relación alta calidad - bajo precio pondrá en aprietos al resto de bodegas que sube sus costos en función del puntaje que les otorgan algunas revistas o críticos de renombre.

Sin embargo, en Lima todavía es muy difícil acceder a la vasta geografía vitivinícola de la península itálica; a pesar de que buena parte de nuestra población desciende en menor o mayor grado de su gente. Si bien existe al menos un negocio dedicado exclusivamente a la venta de sus vinos, sus precios tan solo puedo ser afrontados por pocas personas. Otras tiendas especializadas tienen tantos vinos italianos como franceses, pero se esmeran en traer sobre todo aquellas cepas que más se asemejan a las que nos familiares. Es raro que apuesten por un vino indígena, de marcada acidez, por ejemplo.

Hace unas semanas, me contactaron de Panuts, una distribuidora que poco a poco ha ido incrementando su oferta. Básicamente se ha especializado en traer a nuestro mercado vinos exclusivos de tres países: Argentina, Chile y España. Todos ellos estimables, salvo los chilenos que son consistentemente malos y vulgarmente costosos. Me sorprendió, por lo demás, reconocer el aviso de un vino italiano que ha sido muy célebre sobre todo en California, donde recibió una crítica elogiosa de la mundialmente afamada revista Wine Spectator.

Se trata de un vino toscano clásico, que combina las cepas merlot, sangiovese (75%) y cabernet sauvignon. Es muy versátil: se puede beber con una pizza rica en carnes, con una pasta con base de salsa de tomates, con algunos moluscos y, desde luego, con aves y pescados acompañados, por ejemplo, de hongos. Nosotros la probamos con un risotto con almendras tostadas, conchas de abanico, prosciutto y hojas frescas de albahaca. La foto, lamentablemente, no nos la han enviado todavía. Quienes deseamos seguir conociendo los maravillosos sabores de los vinos italianos tenemos aquí un excelente punto de partida, considerando que el vino puede ser adquirido por la corta suma de S/.54.00 nuevos soles, algo más caro del precio en USA... pero hay que considerar los costos del transporte. Esperamos que más importadoras se animen a introducir vinos italianos. Ci sentiamo tra fra poco, carissimi amici. Ciao!!!