Queridos amigos de Gastrosofia, ha pasado algún tiempo desde que escribí un post. Las labores paternales son arduas y, sumadas a las del trabajo en la oficina, queda poco tiempo para dedicarle al blog. Sin embargo, hemos seguido disfrutando de la cocina, porque es una actividad que nos relaja, tanto a mí cuando la preparo como a mi familia cuando la prueba.
Si no he compartido nada con ustedes últimamente es, sobre todas las cosas, porque he tenido poco tiempo para experimentar recetas nuevas: la paternidad genera un desgaste que me deja con las energías justas para afianzar lo conocido. He podido tan solo ensayar recetas que suelo preparar regularmente para mejorarlas, pero nada más. Spaghetti con ragú y conchas de abanico con piñones tostados con hojas de albahaca (y una variante del mismo platillo pero hecha risotto y con almendras peladas en vez de los piñones), arroces caldosos diversos, pescados fritos con costras de hierbas y, sobre todo, bocadillos rápidos con quesos curados, jamones y fuets españoles. Sobre todo me he vuelto muy aficionado a un queso cheddar vintage que venden en Vivanda, procedente de Nueva Zelanda (9 soles en precio de oferta).
Sin embargo, el placer por las cosas simples siempre nos devuelve el ánimo para las tareas de largo aliento, como es el caso de este blog en el que siempre busco compartir mi interés por la cocina con otros aficionados. Estando en un restaurante del que soy parroquiano, La Baguette (la mejor, es decir, la de Salaverry), pedí una de sus pastas más logradas.
Se trata de unos fettuccine con crema de leche (benditas sean las pastillas para los intolerantes a la lactosa) y un saltado de pechuga de pavo, poro y unas hojuelas de ajo. Con los panes al ajo de rigor y una buena cerveza nacional en vez del vino blanco sugerido la pasamos muy bien. este plato difícilmente se estropea en la cocina. Siempre lo ejecutan muy bien. Y así como sencillo vino, fácilmente nos empujó a retomar el contacto con ustedes, queridos lectores. El placer por las cosas simples es lo que debería motivarnos para disfrutar de la vida. Ni más ni menos.


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