Los amantes del café sabemos que Colombia es nuestro paraíso: quienes he tenido de visitar su cálida tierra y sus hermosas playas sabemos que el calor es algo que también podemos disfrutar en nuestros paladares. Muchas son las marcas y tipos de café que nuestro país hermano tiene que ofrecernos. Cuando estuvimos en nuestra Luna de miel, disfrutando de las playas de Santa Marta, tuve la oportunidad de probar (y comprar unos cuantos kilos) del café Oma. En esa oportunidad, compramos la línea institucional y la tradición Colombia, ambas en presentaciones de color rojo. Luego, gracias a la generosidad de una amiga, tuve la suerte de probar su variedad de exportación, en una presentación azul muy elegante. Los bogotanos (algunos amigos reclaman que los llamemos "cachacos" con mucho cariño) han tenido desde 1970 una tienda gourmet en la que pudieron disfrutar de diversos tipos de café, así como experimentar con variados puntos de "tostión" o tostado. No solo tenían uno de los mejores cafés sutiles del mundo, sino que, además, lo disfrutaban con la tecnología adecuada. La mejor tradición europea ("oma" es una voz familiar para llamar a la abuela en alemán) se puso al servicio de uno de los mejores granos americanos.


Aun cuando en ciudades como Lima es posible adquirir los mejores ejemplares de marcas como Oma (Brazil sigue siendo una ausencia terrible junto con los cafés venezolanos), todavía no contamos con alguna franquicia cafetera que nos beneficie directamente y que, asimismo, le haga la competencia a Starbucks... Se anuncia, no obstante, que pronto llegará una franquicia de la ya mítica marca JUAN VALDEZ. Este reciente emporio creado a inicios del siglo XXI se sostiene sobre las bases del personaje, cuyo nombre ha adoptado la marca, creado a inicios de la segunda mitad del siglo pasado para simbolizar y representar a los colombianos cafetaleros y su extremado y fino arte para la recolección y tostado del café. Desde Gastrosofía podemos dar fe de la excelente calidad de varios de sus cafés: el Cumbre y el Volcán son sin duda corpulentas opciones para una buena taza de espresso. Por otra parte, están los cafés llamados "de origen" que promueven granos varietales de Cundinamarca, Huila, la Amazonía y el Guajira que con granos provenientes del norte de Colombia. Estas variedades, lejos de ser una invención perversa del capitalismo, son verdaderas joyas cuyos niveles de acidez (alta, media o baja), su cuerpo, su aroma intenso nos permiten tener un tipo de café ideal para diversas ocasiones.

No restringiremos la exquisitez del café colombiano a un par de marcas; sin embargo, estaremos a la expectativa de que algunas de sus más célebres exponentes expandan su comercio mediante franquicias. Ya tenemos el privilegio de comprar sus granos, ahora nos queda probar su arte en el preparado y tener por fin una amplia gama de productos que estimule la competencia de nuestros propios cafetaleros que se abren paso en el comercio internacional.