Estamos preparando una cena y no sabemos qué vinos comprar, queremos regalarle una buena botella a un aficionado al buon vivre o hemos probado ya varios vinos y la adicción producida nos demanda mayor información sobre el producto. Todos estos deseos y situaciones hipotéticas ya no deberían acarrear para nosotros ningún tipo de frustración: la oferta de los vinos es acaso infinita y, junto con ella, crece un mercado paralelo que completa la experiencia de su disfrute. Además de las revistas especializadas como Sommelier podríamos hablar de una suerte de boom de libros sobre vinos, los mismos que nos permiten mejorar nuestra experiencia en un ámbito en el que se ha sofisticado (por no decir especializado) la experiencia sensorial del buen gusto.
Casi todos los libros de "introducción" al mundo de los vinos siguen pautas similares y brindan información más o menos similar: qué es un vino (aquí muchas personas se sorprenden cuando reconocen que el champaigne es un vino más como el oporto), cómo se produce, cuáles son sus tipos, cómo se cata, cómo se elige (de la lista de vinos de un restaurante, por ejemplo), con qué alimentos se debe maridar, cuáles son las zonas productoras más celebradas, qué leyes amparan y rigen su producción en el ámbito mundial y un largo etcétera. De esta manera, el consumidor es iniciado en una suerte de secta que tiene como premisa disfrutar de la vida y, al mismo tiempo, manejará un lenguaje particular que le permitirá preguntar, discutir, demandar con más precisión cuando pide o prepara una comida especial en la que el vino será un protagonista importante.
La sabiduría mínima e indispensable para convertirnos en enófilos ahora se puede adquirir como complemento de nuestra experiencia. Libros como Vino para dummies de Ed McCarthy y Mary Erwing-Mulligan o Introducción al vino de Oz Clarke son sumamente útiles si es que hasta el momento solo hemos descubierto que nos gusta el vino. El problema con el libro que forma parte de la colección Libros para dummies es que -como todo en ella- se dirige al lector como si este se estuviera recuperando de un surmenage (inclusive se presume que el lector toca por primera vez un libro). No obstante, puede ser muy útil para personas que no tienen mucho tiempo ni siquiera para sus hobbies. Aquí las respuestas están dadas todas de la manera más elemental y accesible. Lamentablemente, deja poco a la imaginación y, por su tono de escuela, se erige como una ley escrita sobre piedra.
Libros como el de Oz Clarke (considerado uno de los autores anglosajones más influyentes en el mundo del vino), en cambio, nos seducen además por la extraordinaria facilidad con la que explica los temas más intrincados, dejando siempre de lado la jerga imposible de los especialistas. Por ejemplo, la primera parte de su libro, con el fin de explicar los sabores de las distintas cepas, propone una serie de ingeniosas y útiles equivalencias: la Pinot Noir dará vinos sedosos y afrutados; la Cabernet Sauvignon, intensos y con tonos de grosellas negras; la Muscadet y Verdicchio, neutros y muy secos; y así en adelante. La ventaja de un libro como este es que nos seguirá sirviendo a lo largo de nuestra experiencias por cavas, bodegas y restaurantes, pues contiene mucha información que uno debe ir procesando mientras experimenta sus postulados.
Sin embargo, junto con libros para nóveles como los antes mencionados, tenemos otros con una propuesta más personal que demandan ciertos conocimientos antes de regalarnos sus páginas. Así llegamos al libro del inglés Lawrence Osborne, cuyo título es The Accidental Connoisseur: An Irreverent Journey Through the Wine World y fue publicado en 2004. Si bien a la fecha no cuenta con una traducción española su lectura no es un problema, en vista de que el autor, siguiendo los pasos de un Oz Clarke, decidió dirigirse a los lectores en un lenguaje sencillo, claro y ajeno a la pedantería de ciertos enólogos amantes del hermetismo. La diferencia con los otros libros es que este nos permite descifrar algunos de los misterios del mundo vitinícola no a partir de un conocimiento sistematizado, sino a partir de su experiencia personal y, por eso, guarda muchas semejanzas con una biografía o una novela. No obstante, dicho autor transita sendas cenagosas como la de buscar una definición estándar del término terroir. Búsqueda que, desde luego, no se consuma, pero nos deja valiosa información sobre los recientes debates de quienes juzgan que la tierra de las viñas cede al vino más que nutrientes para aportar sabores y aromas.
Entonces, ¿tenemos que salir a comprar uno de estos libros para poder ser mejores bebedores de vino? De ninguna manera. Esta literatura solo complementa nuestra experiencia o, más precisamente, la de aquellos que se han sentido llamados por el espíritu que se libera de la botella luego de descorcharla. El vino es una de las bebidas más universales de las que goza la humanidad y su goce se multiplica infinitamente con todas las posibilidades que brinda la buena mesa. En materia de gustos siempre podremos confiar en nuestro instinto; lo demás es literatura.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados