Publicidad:
La Coctelera

GASTROSOFÍA

cocina, vinos, libros, reseñas gastronómicas & más

4 Julio 2006

La deliciosa modestia de los oficios clásicos: de paso por La baguette


Los domingos deberían ser consagrados por todos los que bien pueden al sano ocio. Incluso los que disfrutamos del calor del fuego del hogar, de las hornillas de la cocina cedemos ante la inminencia de la vagancia dominical. Por eso, y no porque quiera reafirmar inconscientemente mis conductas consumistas dentro de la hegemonía del Capitalismo tardío, es que a veces salgo como cualquier urbícola más de “Lima la horrible” a probar una vez más el pan de cada día, del cual no muchas veces decimos lo justo. Quizá, porque sigue siendo pan y, sobre todo, bueno.

La baguette es una panadería con gente de oficio; es decir, con profesionales de la industria del pan que conoce su ars al derecho y al revés. Prueba de ello es el hecho de que todos sabemos que ahí podemos encontrar distintas variedades de panes preparados correctamente. Incluso su “reciclaje” es favorable: por ejemplo, basta con probar las tostaditas de pan pita con aceite de oliva y orégano o las de baguettini ideales para recibir la gracia de un queso para untar. Sus panes de aceituna sobrepasan la malsana costumbre de nuestras panaderías de esquina de untar un poco de picadillo rancio de las botijonas en la masa grasienta de un pan de yemas: los de La baguette consideran generosos gajos del fruto milenario del olivo. Asimismo, sus panes dulces representan una inmejorable muestra de templanza gastronómica: el dulce es un elemento que acompaña la masa de pan sin opacarla. Aquí la crema pastelera es un aderezo moderado y el chocolate un complemento acertado. Posiblemente algunos panecillos rellenos con dulce de leche puedan estar un poco lánguidos en su centro, pero créanme que el generoso aroma de los perfumes del café lo permite todo. Podemos confiar en que una panadería como esta ofrece insumos de primera calidad. El café Illy que ahí se sirve, por ejemplo, es garantía de una excelente selección de granos de la variedad arábica, aquella conocida por su balance entre aroma y sabor. Se trata, pues, de una marca que ha sabido rescatar lo mejor de la tradición cafetera de los italianos, cuya fama de grandes mezcladores de granos trasciende los puestitos de espresso de sus ciudades más sibaritas.

No obstante la rigurosa tradición panadera que La baguette exhibe, conviene resaltar el hecho de que ahí el comensal, además, puede “restaurarse” de los trajines de la vida en un espacio creado para disfrutar de platillos ligeros: ensaladas, quiches, tortillas, “sánguches” o bocadillos y, sobre todo, con esa antigua tradición medieval de servir guisos y potajes en panes desmigados. De esta última usanza, podemos celebrar la versión que incluye en un pan de miga gruesa un bien logrado guiso con reminiscencias de “lomo saltado”. Igualmente, recomiendo las ensaladas: considerándolas prejuiciosamente como “pasto de conejos” debo admitir mi error: aquí traen la necesaria cantidad de hojas verdes. Por ejemplo, la Picasso lleva hojas de lechuga orgánica y criolla, espinacas, champignones de París en fetas crudas, confite de pecanas y avellanas, prosciutto muy pero muy curado, tomatitos enanos, rodajas de palmito y un noble aliño cremoso. Ensalada, pues, para golosos. De igual manera, sus “sánguches” acusan buen criterio. Probé el de pollo con tocino servido en pan pita, el cual estuvo delicioso. Además, traía generosos gajos de palta y una mayonesa discreta. El tocino era un exceso de crocantez. Con no menos avidez devoré un quiche de peras al vino tinto con queso roquefort. Opción clásica que se asienta bien con una copa de tinto o una de nuestras cervezas nacionales de 5° de alcohol.

Recomendaciones:

- El quiche de peras al vino y queso roquefort estuvo un poco insípido, porque posiblemente abusaron en espesantes como la harina de maiz para lograr la consistencia adecuada. El queso casi ni se sentía, y eso ya es mucho para uno azul
- En el delicioso sánguche de pan pita con pollo y tocino me enfrenté a un trozo de cartílago. Personalmente, no tengo problemas con esas partes del difunto animal, pero otros comensales podrían agitar su peluca o sacudir sus joyas en muestra de desaprobación.

La baguette es una panadería para las personas que aman lo clásico. El servicio es muy bueno y, lo mejor de todo es que uno puede comprar las cosas para el camino y darse una vuelta por el malecón, a escasas cuadras, mientras disfruta de sus delicias.

servido por gastrosofia sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

ELIO VÉLEZ MARQUINA, filólogo, escritor y cocinero aficionado. Estudió Literatura hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente trabaja como funcionario en dicha universidad. Es profesor de la PUCP y de la Universidad del Pacífico. Como poeta ha recibido diversas distinciones como en el el Premio Nacional PUCP de poesía que obtuvo en el año 2004. Es, además, cocinero autodidacto y un dedicado estudioso de las tradiciones culinarias del Perú. Es colaborador de la revista "Sommelier", en la que participa con artículos sobre vinos e historia de la cocina. Recientemente fundó una sociedad sin fines de lucro que busca reunir a los amantes de la buena mesa: la Societas Gastrosophica

Crea tu insignia

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera