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La Coctelera

GASTROSOFÍA

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26 Junio 2006

Restaurantes gourmet, ¿piacere o dispiacere?

Un sábado cualquiera, caminando al lado de mi esposa con un itinerario simple pero vital: buscar un restaurante para aplacar el hambre producida por haber trabajado incansablemente en la decoración de nuestro departamento. Por lo general, cerca de casa solemos acudir a una pastelería de antepasados catalanes que en su momento será aquí comentada; sin embargo, acaso porque era sábado o por el viento de la tarde, decidimos probar aires nuevos.
Cerca de una droguería que lleva el oportuno nombre de Pharmax, vimos, despreocupados, un pequeño local bautizado como Piacere. En una pizarra, pudimos ver escrita la orden del día: pastas y más pastas. Ipso facto, mi señora esposa dio rienda suelta a su vicio más bestial y me vi en la obligación grata de invitarla a almorzar.
Una vez dentro nos cautivó la decoración muy de moda que combina el cemento pulido con la horizontalidad de las líneas rectas, el color blanco de las paredes -que siempre me recuerda la sencillez milenaria del Mediterráneo-, los cuadros abstractos con colores ocres y el metal plateado por todas partes. La cocina a la vista, además, causa una muy buena impresión. Como maitre estaba una rubia foránea que se muestra amable a pesar de su posible inseguridad lingüística. Por su parte, el jefe de cocina está monitoreando a los meseros y al cocinero impecable que se atrinchera en la cocinita en vitrina.

Hipótesis
Toda la parafernalia nos indujo a esperar un almuerzo lleno de "piacere"; sin embargo, nos topamos con imperfecciones que hacen del restaurante una promesa en potencia.

I primi piatti:
Nos sedujo la carta en vista de que ofrecía algunos platos tradicionales italianos poco frecuentados, junto con innovaciones. Como primer plato pedimos una porción de piadine, una especie de tortillas de harina blanca -algunas variantes las preparan con harina de garbanzos- que se rellenan con toda suerte de delicias. Aquí las prometían con queso del Piemund (Piemonte, para quienes no comparten el gusto por la vernacularidad románica). Fueron cuatro pequeñas piadine, servidas en un plato cuadrangular, con forma de servilleta alzada, muy al gusto renacentista, llenas de un queso blando ya fundido por el calor y guarnecidas por unas hojuelas de ajo un poco chamuscadas y un chorrito de aceite de oliva fresco y generoso en aroma. Debo confesar que estuvieron buenas, pero su tamaño tan minimalista me forzó a comerme hasta la ramita de romero que, coqueta, yacía sobre estas...

I secondi piatti:
Los segundos platos fueron más desafortunados. Mi donna angelicata ordenó unos spaghetti con ragú: tenía, sorprendentemente el color obscuro del ragout medieval, pero no ofrecía nada más que una reminiscencia erudita y cromática. Por mi parte, ordené unos fettucini con salsa dei frutti di mare. Los mariscos no eran frescos (venían ya congelados) y la gracia del plato consistía en servirlos con una salsa excesivamente cremosa con queso parmesano.

Colofón dulce
Los postres fueron insufribles. Debieron ser semifreddi de gianduia y amaretti, pero más parecían helados de carretilla; sobre todo el de mi bella esposa era un claro eco del "buenhumor" de nuestra infancia.

Síntesis
Piacere es un local modesto muy bien ubicado en una zona comercial. Debe arriesgar con una leve inversión en la calidad de sus insumos. El cocinero tiene buena mano, pero tampoco la puede hacer de alquimista si es que no se le llena la despensa con prodcutos frescos. Espero que pronto puedan ofrecer platos tradicionales de mejor calidad.
Fin

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Sobre mí

ELIO VÉLEZ MARQUINA, filólogo, escritor y cocinero aficionado. Estudió Literatura hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente trabaja como funcionario en dicha universidad. Es profesor de la PUCP y de la Universidad del Pacífico. Como poeta ha recibido diversas distinciones como en el el Premio Nacional PUCP de poesía que obtuvo en el año 2004. Es, además, cocinero autodidacto y un dedicado estudioso de las tradiciones culinarias del Perú. Es colaborador de la revista "Sommelier", en la que participa con artículos sobre vinos e historia de la cocina. Recientemente fundó una sociedad sin fines de lucro que busca reunir a los amantes de la buena mesa: la Societas Gastrosophica

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