Gastrosofía tiene frío... y hambre. Los constantes días entre 15º y 16º más la humedad que bordea el 90% nos inspira para comer platos ricos en grasa y carbohidratos (pero no dejemos nunca de lado el ejercicio). Por eso hemos preparado unos posts especiales sobre platos propios para el invierno. Empezaremos con un plato que forma parte de una vasta tradición mediterránea que ha tenido maravillosos ecos en América: la luso-brasilera feijoada.
Feijoada brasilera con todas sus guarniciones
La feijoada es un plato emparentado con otros europeos como la fabada asturiana, las fabes a la catalana, la cassoulet del Languedoc, la cazuela castellana, el pote asturiano, la feijoada portuguesa, desde luego... Y, acaso, con otros americanos como la bandeja paisa y nuestro tacu tacu a lo pobre. Es, pues, un plato de origen humilde que se presta para recomponer el cuerpo de las fatigas del invierno y que bien puede constituir la única comida fuerte del día. En Brasil se le suele comer los días miércoles y los sábados en compañía de un vaso de cachaça. Nosotros podríamos acompañarla con un vaso de pisco.
Sábados de feijoada en el restaurante Lumiere
En Lima, si bien hay algunos restaurantes en los que se puede degustar la cocina carioca, existe uno que nos sorprende por su novedad y pulcritud. Se trata del Lumiere, restaurante emblemático de la cadena de hoteles Novotel. Ubicado en el centro empresarial de San Isidro, casi al lado de la iglesia de la Virgen del Pilar, todos los sábados de julio (y quizá durante todos los sábados del año: debido al ímpetu brasilero de la gerencia) podrán degustar de una feijoada brasilera como Dios manda: desde el caldo de frejoles, pasando por los frejoles negros y todas las guarniciones que podamos apetecer, principalmente de origen porcino.
Cabe destacar la excelente decoración del restaurante (ecléctica, pero con énfasis en un minimalismo que adecuadamente nos mantiene atentos a la comida), la pulcra disposición de la mesa, la excelente atención de su personal estimulan al comensal. Su chef de origen colombiano, Miguel Ángel Rodríguez, demuestra una especial sensibilidad para la ejecución de este plato. No solo garantiza una selección de ingredientes óptimos, sino que el punto de cocción, la presentación y, desde luego, la sazón resultan impecables.
Vista completa de la estación
Si bien el comensal puede optar, para el aperitivo, por una caipirinha o un vaso de cachaça nosotros aceptamos la sugerencia de tomar un batido de limón. Nada mejor para preparar el paladar para un plato denso como la feijoada. Licuado con hielo y trozos de la cáscara fue realmente adecuado.
Se puede disfrutar del aperitivo y de la comida junto con
las hermosas vistas que ofrece Lumiere
Como la feijoada es un plato conformado por etapas, haremos una narración de las mismas:
1. Caldo de frejol negro: es un líquido denso, tanto en su color bruno como en su espesor. Es el caldo en el que se han cocido los frijoles y algunos trozos de enjundia porcina. Podemos encontrar en este trocitos muy finos de piel e cerdo frita, así como restos de la carne pegada al hueso. Todo un acierto que preludia el festín porvenir. Sus guarniciones son simples pero adecuadas: ciboulette finamente picada y pop corn (canchita o palomitas de maíz). Según se nos refirió este es un acompañamiento propio de las familias tradicionales. Cabe destacar que el caldo tenía un interesante punto de picante que realzaba los sabores.
2. Feijoada per se: además de los poderosos frejoles negros, caldosos y de textura blanda pero firme al mismo tiempo (como las judías asturianas, por ejemplo), pudimos degustar sus maravillosas guarniciones. La farofa (fritura de harina de mandioca) llevaba ajo crocante molido y perejil. El sabor, sencillamente estupendo. Las guarniciones eran de sabor poderosa y muy apropiadas para el invierno:
- salchichas especiadas cocidas con los frejoles
- costillas de cerdo
- plátano bellaco empanizado
- yucas fritas (tiernas, muy tiernas)
- arroz blanco
- bife a la parrilla, de sabor intenso con una textura suave
- pollo a la parrilla, sabroso, a pesar de ser un simple de pollo comercial
Es mérito del chef que todo lo antes mencionado, lejos de ser indigesto, sea no solo un festín sabroso, sino también una comida poco grasosa. A pesar de la contundencia que constituye la mezcla de carbohidratos con proteínas debo confesar que la pasé muy bien. El batido de limón hizo su magia, sin duda.
La felicidad, como en toda buena comida, se encumbra a la postre. La oferta de dulces era discreta, pero no por ello menos tentadora.
- macedonia de frutas de estación
- torta de chocolate (¡vaya qué torta!)
- mousse de limón
- crema volteada (casi con la consistencia de un tocino de cielo)
Detalle de la mousse de limón
Bella presentación de las frutas
Gloriosa torta de chocolate con chispas crocantes de chocolate
y centro húmedo
crema volteada
Desde Gastrosofía recomendamos con entusiasmo este festival de feijoada para toda la familia. Estos sábados grises de invierno podrán abrigarnos a la hora de almuerzo con esta suculenta propuesta. El hotel, en el que está el restaurante Lumiere, cuenta con valet parking (Los Portales) así que es muy fácil llegar e instalarse prontamente. No dejen de probar un aperetivo antes del buffet y, por favor, sean generosos o al menos considerados con la propina, pues el personal realmente lo vale. Seguiremos compartiendo con ustedes propuestas suculentas para el invierno. Buen provecho.

