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La Coctelera

Gastrosofía

edo iucunde ergo sum

Categoría: Bibliofilia

3 Noviembre 2009

La cocina de la escritura: repercusiones del boom gastronómico en la literatura (a propósito del libro de Bourdain)

Acababa de iniciar el siglo XXI, cuando un cocinero (aquí dejo de lado el eufemismo chef) de nombre Anthony Bourdain publicó su Kitchen Confidential. Adventures in the Culinary Underbelly (Bloomsbury, 2000). Hoy, luego de 7 años, la prestigiosa casa editorial Harper Collins ha publicado una edición actualizada de esta obra que desde que vio la luz sirvió de espejo al rostro de un fenómeno cultural innegable: el boom gastronómico mundial que, mal que bien, cumple los deseos -aunque sea simbólicamente-  de quienes afirman que vivimos en una era global.

Portada de la edición paper back

En este auge de las cocinas y gastronomías podemos ver cómo coexiste la paradójica noción de aldea global: por una parte, el mercado impone normas y modelos estandarizados que se pueden adquirir mediante el consumo de la producción industrial (tomar un café de Starbucks en Beijing o comer una hamburguesa del Friday's en la capital del Perú); por otra, en cambio, se da la exaltación de lo vernacular, de lo indígena, de lo atávico (sobre todo en la cocina) como un signo de sofisticación, que no es sino una forma de consumo especializado: conseguir hongos o setas de estación para acompañar una carne de lechón de cuatro meses rociado con un aceite de oliva artesanal de la Liguria o de Andalucía y unas ramas de romero de un huerto ecológico (enemigo de los pesticidas), todo maridado con vino sin filtrar proveniente de un exclusivo viñedo que cosecha las uvas a mano y no produce más de 5000 botellas por añada... La cocina -y las prácticas especializadas de la misma que recrea la gastronomía- es el espacio que permite coexistir una tendencia mundial a partir de ingredientes específicos, regionales. Además, es una excelente metáfora del consumismo como práctica de apropiación mediante la ingesta. Al fin de cuentas uno es lo que come.

La literatura, por lo demás (y en el sentido vasto del término), no ha sido ajena a las vicisitudes comerciales del auge gastronómico. El libro de Bourdain, Kitchen Confidential..., en adelante KC, es un excelente ejemplo de cómo algunos agentes del entorno comercial de la cocina (no olvidemos que su autor es el Jefe de cocina de un notable restaurante neoyorkino y el conductor de un programa sobre cocina del mundo) han sabido crear un discurso a partir de su participación en la industria. KC si bien no es una novela (Bourdain ha escrito más de una) es una notable muestra del género de la (auto)biografía que sabe dosificar los ingredientes necesarios para que el libro en sí tenga los elementos propios de una ficción. La frase popular según la cual la realidad supera a la ficción encierra la astucia de los productores de los mass media y sepulta a la estulticia del común. La realidad que se nos vende, por ejemplo, en un Reality Show ha sido producida por un equipo de profesionales que decide sobre la realidad que el público quiere conocer. El caso de KC de Bourdain no es ajeno a estos usos.

Al respecto, debo anotar que KC ostenta un argumento nada ajeno a la literatura universal: el libro narra la maduración espiritual -como en las novelas de aventuras-, al rededor de la cocina, de un hombre que desde niño descubre en los alimentos ciertas verdades sobre la vida misma. De ser un niño estadouniense acostumbrado a la comida más vulgar del mundo que conoció la buena mesa en sus vacaciones en la Lombardía francesa, pasó a ser un jovenzuelo pandillero que lavó platos en restaurantes vernaculares de su tierra natal y que, luego, estudió en uno de los mejores institutos de cocina para luego dedicarse de lleno al oficio de las cucharas y los tenedores. Es la biografía de un cocinero outsider que nos vende su redención como figura mediática, fingiendo no haber renunciado a sus malos hábitos, a su desenfado gratuito contra todo. Es -salvando las distancias con sus modelos previos- la vida de un pícaro (desde la Vita Aesopi hasta la picaresca española y el realismo del XIX tenemos numerosos ejemplos) cuyo cinismo le proporciona una singular manera de adaptarse a las situaciones que le depara la vida. Su maduración, como en el Asno de oro de Apuleyo, lo redime de los pecados y excesos en los que incurrió por haber entendido inadecuadamente los mensajes del Destino. Su cinismo, por lo demás, no es ajeno al tono confesional de toda autobiografía: el mismo subtítulo del libro (Adventures in the Culinary Underbelly) anticipa al lector la variedad de historias que encontrará para su solaz, al mismo tiempo que promete la develación del misterio (un mistérico verdadero como Apuleyo hubiese gozado como puerco con el estilo de la literatura del siglo XXI: siempre hay un misterio que cambiará la manera de comprendernos en la Historia, ¿no?) sobre el fascinante mundo de la cocina. En KC no hay glamour ni reflexiones eruditas sobre la relevancia del recetario de Apicius o sobre la influencia del neoplatonismo de la Academia Florentina en el desarrollo de los paladares modernos; hay sí sordidez mesurada, envidias, inseguridades, personajes salidos de la literatura naturalista (sus rostros podemos intuirlos como los de los personajes de Pasolini) y, sobre todo, un regodeo en la mención del consumo de drogas duras (la marihuana parece en KC el tabaco que fumamos después de una buena comida) como parte de la formación de un cocinero prestigioso.

Cuando estamos frente a un libro como este debemos, como lectores trajinados, expandir nuestros horizontes. Ciertamente no pretendo recomendarles su lectura con la complicidad que me permitiría para las novelas de M. Yourcenar, M. Mujica Laínez o los poemas de Fernando de Herrera. La autobiografía de Bourdain es un libro coyuntural, cuyo estilo se define por el uso de un lenguaje sórdido, plagado de jergas gratuitas y rotundamente simple. No hay una conciencia plena del dominio del idioma inglés como instrumento artístico: busca generar senciones rápidas mediante la irreverencia para tratar temas como el de la cocina que solo algunos tratan con excesiva solemnidad. Quizás en The Accidental Connoiseur. An irreverent Journey Through the Wine World de Lawrence Osbourne podamos encontrar sosiego para estos reclamos. No obstante, prefiero comentar un libro que no nos convence como literatura lograda, porque es más interesante encontrar en ella valores que permitan recomendarlo.

KC de Bourdain, por su parte, ofrece una visión distinta del mundo estadounidense de la cocina. Acaso uno de sus mayores aciertos sea la aceptación que de sus muchas taras hace el personaje (parte de su retórica del cinismo) para demostrarnos cómo es que realmente se triunfa en ese grasiento mundo. Admirador del cine B deleznable (como Tarantino), amante de celebridades oscuras como Iggy Pop, Bourdain trata de vacunar al inocente y más aún reciente en materias culinarias público estadounidense contra la peste del esnobismo gastronómico. Su versión de la alta cocina está escrita desde su inframundo. Por ello, quizá, recomienda con una intensa carga política a los jóvenes cocineros que ante todo aprendan español: porque es el idioma de la mano de obra, porque conociendo su cocina uno podrá comprender el futuro de la cocina de esa parte del continente americano.

Este libro, en parte, nos permite comprender un fenómeno cultural que mantiene su efervescencia. Todavía sus burbujas acarician coquetamente nuestro paladar. El arte, pues, aunque no sea de la mejor calidad (tengo que suponer que Bourdain sí la procura en su restaurante) está procesando este fenómeno vertiginosamente: inclusive ya en el cine hemos podido padecer películas sobre cocineros que se enamoran, sobre viñedos heredados y hasta dibujos animados sobre ratones pseudoesópicos que son la reencarnación de una especia de Brillat Savarin para dummies. Leamos, entonces, con atención de entomólogo, estas publicaciones que de alguna manera marcan nuevas tendencias y, quien sabe, nuevas maneras de entender gastrosóficamente nuestras vidas como si fueran un plato de chorizo con lentejas. A favor del cocinero escritor quedan, no obstante nuestra desconfianza hacia su libro, sus inteligentes comentarios sobre esa paradoja que es el pisco sour chileno. Sean ustedes jueces.


Circula en varias impresiones la traducción de esta obra al español, bajo el título Confesiones de un chef (aventuras en el trasfondo de la cocina) y publicada por la editorial RBA en 2005. No damos fe de la calidad de la misma, pues solo hemos podido consultar la versión inglesa original.

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9 Agosto 2006

Gourmet latino

El obsceno hedonismo de la posmodernidad, afortunadamente, ha beneficiado a los golosos de siempre. Lo que hoy se percibe como un boom de la gastronomía, de la cocina, nos afecta en muchas maneras: a los consumistas profesionales (aquellos que compulsivamente compran libros, ropas, alimentos, viajes, casas, cuerpos, sueños, etc.) les da la oportunidad de sofisticar su muchas veces pobre dieta, asimismo les permite conocer, debido a la respectiva globalización, productos de las regiones más variadas del orbe: en un supermecado competente cualquiera puede comprar o bien ajos curtidos de Polonia o bien miel de arce canadiense sin preservantes. Así, quienes no pueden realizar viajes exóticos de fantasía bien pueden trasladarse en la alfombra mágica de la cocina.


Como parte de este auge cocineril destaca la cada vez más fecunda edición de libros y revistas especializados en los oficios del fogón. De las segundas hay una galaxia inconmensurable que abarca casi todas las lenguas del planeta. Así, Hispanoamérica cuenta ya con notables ejemplos del caso: la revista Gourmet latino mantiene a la fecha una lograda colección de ímpecables entregas que no solo dan testimonio de las hornillas de las Indias occidentales, sino que además repasan lo más actual del mundo de la glotonería fina. Cuatro años dan fe de su esfuerzo.

Ciertamente mucho ha tenido que ver la dirección de dicha revista. La destacada y refinada periodista Mariella Balbi estuvo a cargo de los primeros números y hoy por hoy, el poeta Antonio Cisneros asume el difícil reto de mantener el excelente nivel de la publicación.

Esta, además, ofrece una formidable muestra de equilibrio entre tradición y modernidad: del mismo modo en que entrevista jóvenes cocineros como Pedro Miguel Schiaffino y Rafael Osterling da cuenta de clásicos aniversarios como el de los 400 años de la publicación de la primera parte del Quixote cervantino con el amable pretexto de visitar la cocina española del siglo XVII: matriarca de la cocina americana.

En su entrega más reciente, la n°14, hay varias golosinas: en primer lugar destaco la encuesta titulada "Nuestra comida es una fiesta", en la que se entrevista a 25 cocineros (y uno que otro aficionado de protocolo) confinados al universo de la cocina peruana a cerca de la relevancia de dicha tradición. En vista de que actualmente la cocina peruana está siendo celebrada por diversos paladares, resulta muy pertinente conocer de "primera boca" las razones de su éxito. Destacados cocineros como Félix Picasso, por ejemplo, definen sabiamente a la cocina peruana como "extraordinariamente diversa" y ven en platillos como el tiradito, la papa a la huancaína y el lomo saltado claros emblemas de su sazón.

Otra perla es la entrevista que César Gutiérrez le hace al cocinero Javier Wong, para quien el lenguado, sin lugar a dudas, es la materia prima por excelencia de muchos platillos que bien podrían llevar al éxtasis a más de uno. Lo más sorprendente, acaso, es la receta del "postre de lenguado" que nos regala. Hay que comprar la revista para develar el misterio...

En la nota "Limeño y mazamorrero" podemos encontrar la excusa perfecta para degustar los más logrados postres tradicionales de la ciudad "tres veces coronada". Postres hispanoarábigos como la mazamorra (cuya "moradez" es propia de este suelo), el ranfañote y el arroz zambito adornan sus páginas.

At last but non least, Gastón Acurio ofrece un interesante texto sobre la tradición, de raigambre mediterránea, de comer carnes y vísceras en palitos; es decir, lo que muchos llaman pinxos y nosotros, anticuchos. Ojalá y esta reflexión sea un sutil preludio a una próxima empresa del cocinero que invada las calles de Lima y otras capitales de América con puestos o locales entregados al placer de las carnes trinchadas y cocidas al fuego.

Finis

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13 Enero 2006

El otro código de Leonardo

VINCI, Leonardo da. Notas de cocina de Leonardo da Vinci. La afición desconocida de un genio. Compilación y edición de Jonathan y Routh Shelagh. Traducción de Marta Heras. Buenos Aires: Planeta, 2004.
Penosamente, el nombre de Leonardo da Vinci se ha hecho escuchar en los últimos años más por una desafortunada novela (si bien afortunada desde el punto de vista monetario) norteamericana. Sin embargo, en 1987 los esposos Jonathan y Routh Shelagh dieron a conocer los Apuntes de cocina de uno de los pintores decisivos del Renacimiento italiano: así, los lectores, gourmets o no, conocían aspectos íntimos de la vida de un genio, aderezados por condimentos en lugar de tinturas. Hoy por hoy circula más de una traducción de dicha edición, siendo la de Planeta un ejemplo de pulcritud bibliófila.
La presente edición de los Apuntes ha recogido los textos conservados en el polémico codex Romanoff (atribuido a Leonardo), para luego conforntarlos con los del codex Atlanticus de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y los restantes que se conservan en la Biblioteca Nacional de París. Si bien esta no es una ecición crítica, el estado de presentación del texto es más que aceptable y ofrece una lectura placentera debido a la formidable diagramación que ha sabido combinar los apuntes con ilustraciones: algunas veces con los bocetos del mismo Leonardo presentes en el codex Atlanticus(o copias hechas por sus discípulos), otras con ilustraciones tomadas de volúmenes como Libro de cocina de Bartolomeo Scappi.
Asimismo, se podrán encontrar variados y extensos textos prelusivos: una "Presentación" de José Carlos Capel (crítico gastronómico notable de España), un extenso y erudito "Prólogo" del doctor Marino Albinesi (Fiscal general de Roma y Presidente del Circolo Enogastronomico d'Italia) y finalmente una "Nota preliminar" de los editorres que explica a los afortunados lectores el estado de la cuestión de los textos del codex Romanoff.
Resta decir que los Apuntes no son, como algunos podrían esperar, un cuantioso repertorio de recetas de una de las mejores cocinas del mundo: estos reflejan la curiosa y compleja personalidad de un genio que se resistía a la barbarie gótica de las costumbres culinarias de cortes como la de los Sforza (no olviden que Italia recibe sus costumbres alimenticias directamente de los godos): Leonardo debía batallar contra el uso desmedido de las especias (que contaminaban hasta la polenta), el excesivo consumo de carnes de caza y crianza, el estado rudimentario de las "maneras de mesa" (El cuchillo y las manos bastaban. ¿El tenedor? Tan solo una especulación de excéntricos como Leonardo.) y la costumbre gótica también de consumir guisos cargados de grasas saturadas. En dicho contexto, nuestro autor deviene en heterodoxo, pues plantea una cocina mucho más ligera y saludable que podría aproximarse a lo que hoy conocemos como nouvelle cuisine. Además, estos textos nos permiten comprender la exacta dimensión de muchos de los intereses "mecánicos" de los experimentos de Leonardo: buscaba ante todo la rapidez, la eficacia y el alivio del trabajo humano en los quehaceres culinarios. Si bien creó aparatejos que hoy miramos con desdén en las tiendas de cocina (como el prensador de ajos, por ejemplo) previó la creación de platillos y de instrumentos muy adelantados para su tiempo (y sobre todo para el salvajismo gótico de los Sforza): entre sus ideas está la de crear un plato que contenga un trozo de carne entre dos pan o viceversa (¿hay que decir el nombre?, así como previó la creación de moledoras o trituradoras de carne. No obstante, en lo que toca a la consignación de recetas o de la descripción de algunos platos Leonardo tan solo se limita a recoger algunas presentes ya en libros prestigiosos. Tal es el caso de las recetas que transcribe del famoso libro de Bartolomeo Sacchi (conocido como "Platina") De honesta voluptate & valetudine (1475).
Por otra parte, gracias a estos textos se puede constatar la preocupación que Leonardo tuvo respecto de la salud humana. En los platos que denomina "sencillos" se puede apreciar la presencia inminente de hortalizas, legumbres, verduras y frutos a veces adornados con huevas de salmón o algunos huevos de ave, acaso magras tajadas de carne. Esto debido a que él ya intuía que una dieta saturada de carne podría acarrear males circulatorios: cuando Leonardo encontraba en los cuerpos que disecó con fines científicos una suerte de sarro en las venas de personas adultas, descubría accidentalmente el colesterol. Asimismo, Leonardo buscaba el aprecio de los sabores simples: por esa razón criticaba, por citar un caso, el pastel de conejo preparado en Lombardía; pastel que comprometía, además de la carne del roedor, la del cerdo y la res, sin mencionar la infinidad de especias que terminaban por diluir cualquier reminisencia al simple conejo. Sin duda, Leonardo cocinada delicadas trufas blancas para los cerdos...
Quien desee conocer de modo desmitificado el ambiente cortesano de la Italia de fines del siglo XV, así como incrementar el caudal de información que sobre el maestro Leonardo abunda en las librerías debe leer estos Apuntes. Sobra decir que las deliciosas anécdotas que en él se consignan hacen del libro una joya valiosa. Como muestra del guiso, va una aceituna:

de la manera correcta de sentar a un asesino a la mesa
"Si hay un asesinato planeado para la comida, entonces lo más decoroso es que el asesino tome asiento junto a aquel que será el objeto de su arte (y que se sitúea la izquierda o a la derecha de esta persona dependerá el método del asesino), pues de esta forma no interrumpirá tanto la conversación si la realización de este hecho se limita a una zona pequeña...
Después de que el cadáver (y las manchas de sangre, de haberlas) haya sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire de la mesa, pues su presencia en ocasiones puede perturbar las digestiones de las personas que se encuentren sentadas a su lado, y en este punto un buen anfitrión tendrá siempre un nuevo invitado, quien habrá esperado fuera, dispuesto a sentarse a la mesa en este momento."

¡Buen provecho!

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Sobre mí

Elio Vélez Marquina, filólogo, poeta y padre a tiempo completo. Estudió Literatura hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente trabaja como funcionario y profesor en dicha universidad y, además, realiza consultorías relacionadas con el manejo del lenguaje para diversas instituciones privadas. Obtuvo en el año 2004 el Premio Nacional PUCP de poesía. Es, además, cocinero autodidacto y un dedicado estudioso de las tradiciones culinarias del Perú. Fundó en el 2009 la Societas gastrosofica, entidad sin fines de lucro que indaga sobre el maridaje entre platos tradicionales y vinos de diversos países. Asimismo es colaborador de revistas de vinos como "Sommelier" y otras de literatura, como "los noveles".

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